Permita que la
Biblia sea su eterno consejero.
Éxodo 13:21-22
Jehová iba delante de ellos, de día
en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de
fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de día y de noche.
Nunca se apartó del pueblo la columna de nube durante el día, ni la
columna de fuego durante la noche (Éxodo 13:21-22).
El fuego en
la columna de nube que era el mismo que aquel en el que el Señor se reveló a
Moisés desde la zarza, y luego descendió sobre el Sinaí en medio de truenos y
relámpagos en una espesa nube. Era un símbolo del "celo del Señor." Este signo
de la presencia de Dios no se apartó de Israel siempre y cuando la gente seguía
en el desierto.
La nube de
la gloria guio al pueblo de Israel durante su experiencia en el desierto. Cambió
de una nube de día a una columna de fuego durante la noche.
No se
trataba de nube ordinaria en el cielo. Su origen era sobrenatural. Durante el
día se apareció como una nube oscura en contraste con la luz del sol, sin
embargo en la noche era un resplandor de fuego.
Sin embargo,
cuando se detuvo sobre el tabernáculo, o cayó sobre ella, debe haber sido la
escena más impresionante de la gloria.
Justamente antes de sanar al ciego,
Jesús dijo: "Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo". (Juan 9:5).
Más tarde Jesús lloro y dijo: "Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en
mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió. Yo, la luz, he
venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas"
(Juan 12:44-46).
La palabra "luz" es una metáfora
para iluminación espiritual. Cuando Jesús declaró ser la luz, él declaraba ser
el poseedor y el portador de la verdad divina de la salvación. Él era la
revelación final y completa de Dios al hombre. En él, encontramos la instrucción
divina. Él demandaba ser el único quién da la salvación eterna. Él es la luz
activa que conquista toda la oscuridad espiritual.
El Apóstol Juan vio a Jesús como la
luz. "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las
tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella." (Juan
1:4-5) Juan el bautista "Este vino por testimonio, para que diese testimonio de
la luz, a fin de que todos creyesen por él.
No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz
verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo" (vv.7-9).
Jesús Cristo prometió vida
espiritual a todos los que creyeren en su luz. Él promete que no caminaremos más
en las tinieblas sino que tendremos la luz de la vida." Nadie podía hacer esa
promesa solo Dios. Él ilumina el espíritu y alma de los hombres que están en un
estado de ceguera espiritual. Él trae la convicción por la luz que él da. La luz
del señor Jesucristo revela nuestra oscuridad y ceguera espiritual.
Jesús dijo: "él que me sigue," es
decir, el que confía en El y obedece su palabra recibe vida espiritual. Como la
luz del mundo Jesús debe ser seguido como la columna de fuego en el desierto.
Cuando seguimos a Jesús entramos en una relación espiritual permanente con él.
El Apóstol Juan atestiguó a este hecho: "Este es el mensaje que hemos oído de
él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos
que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos
la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos
con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (1 Juan
1:5-7).
Cuando recibimos a Jesús como la luz
él viene a nuestras vidas y hace disponible para nosotros una vida que irradie
vida en comunión con él. Somos la luz del mundo debido a nuestra relación íntima
de amor con él. Él da una luz irradiada. Jesús dijo sus discípulos: "Vosotros
sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.
Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y
alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los
hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que
está en los cielos" (Mateo 5:14-16). Tú no puedes vivir la vida cristiana sin la
luz interna que él da al creyente. Él es nuestra fuente de luz espiritual.
Nuestro testigo es una luz reflejada que viene de Cristo. Le damos nuestra
oscuridad y él nos da su luz. Él es la luz que enciende el aceite del espíritu
en nuestras vidas.
Si ése no fuera suficiente para
encender nuestra alma y para fijarla en el fuego, hay un día que viene cuando
miraremos la ciudad divina bañada toda en la luz translúcida de la gloria del
Cordero de Dios. "Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es
el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna
que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su
lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y
los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán
cerradas de día, pues allí no habrá noche Y llevarán la gloria y la honra de las
naciones a ella. No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación
y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del
Cordero" (Apo. 21:22-27).
Eso no es todo. Juan vino a
describir el Nuevo Cielo como: "No habrá allí más noche; y no tienen necesidad
de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y
reinarán por los siglos de los siglos." No hay duda, Él es "la estrella
resplandeciente de la mañana" (v. 16).
¿Has venido a la Luz y experimentado su gracia salvadora? Para aquellos que se sientan en la oscuridad de la incredulidad y la impureza Él es la santidad. Usted puede salir de la oscuridad espiritual en este momento, poniendo su confianza en la Luz.
(c) 2011 Mensaje por Wil Pounds. Traducción por David Zeledon.
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